El ferrocarril fue un importante medio de transporte en Guatemala durante el último tercio del siglo XIX y a principios del siglo XX.
Las primeras líneas del ferrocarril que se construyeron fueron las que comunicaban al Puerto San José y Guatemala, y las de Champerico y Retalhuleu.
La estación del Ferrocarril en Amatitlán
El ingeniero británico Federico Nanne y el militar salvadoreño Luis Schlesinger fueron los contratistas designados en 1877 para lo que correspondía a la edificación del nuevo ramal, que iría de Escuintla hacia la capital y pasaría por Amatitlán.

En 1881 la compañía Nanne y asociados inició la construcción de un relleno para el paso de la línea del ferrocarril, en la garganta más estrecha del Lago de Amatitlán, a la altura de la aldea El Cerrito. Esta monumental obra parte el lago en dos, haciendo realidad la idea de la imaginación que el lago tiene forma de ocho. Este relleno mide 140 metros y tenía como función principal permitir el paso del ferrocarril hacia la ciudad capital.
En 1882 llegó a la ciudad de Amatitlán el primer ferrocarril procedente de la ciudad de Escuintla. La llegada del tren procedente del Sur a la estación de Amatitlán se efectuaba en un ambiente festivo y peculiar.
En Amatitlán, la estación del ferrocarril era un centro de total algarabía, el ir y venir de las personas era a diario, esperando la llegada del tren para sus diferentes destinos, entrega de mercancías, carga y descarga de un sinfín de productos que provenían de distintos lugares del país.

Las estacioneras en la estación del ferrocarril
Las «estacioneras» eran jóvenes y preciosas mujeres que vestían atuendo de mengalas, mientras ofrecían variedad de bocadillos.
Los domingos se escuchaban las alegres notas de la banda de música y los pasajeros descendían y hacían uso de carruajes para trasladarse a la iglesia parroquial en visita devocional al Niño Dios o en plan de recreo al puente de La Gloria, alguna de las pozas en el río Michatoya o la playa del Lago de Amatitlán.
Muchos guatemaltecos recuerdan con nostalgia el recorrer las tierras de Amatitlán, sobre todo, por ser un camino rodeado de árboles y paisajes naturales. Su recorrido se volvió mucho más popular a partir de 1907 hasta su cierre a mitad de los años ochenta.

Actualmente esta estación está en completo abandono y se cree que con el tiempo podría derrumbarse, y se utiliza como un predio de camionetas y furgones, un taller de enderezado y puntura.



