El Dinosaurio es uno de los cuentos más cortos del mundo y fue escrito por el guatemalteco Augusto Monterroso a finales de los años cincuenta.
Por mucho tiempo, fue considerado como el cuento más corto del mundo, pero con los años, surgieron otros relatos que también destacaron por su brevedad. ¡Aprende más a continuación!
El Dinosaurio: Uno de los cuentos más cortos del mundo que fue escrito por un guatemalteco
En 1959, el escritor guatemalteco Augusto Monterroso publicó el libro Obras completas (y otros cuentos), que incluyó el relato titulado «El dinosaurio». Con tan solo siete palabras:
«Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí».
El cuento se convirtió en uno de los textos más citados y estudiados en la narrativa breve en lengua española. Esta pequeña obra es reconocida por su capacidad de sugerir múltiples interpretaciones a partir de una estructura concisa.
Con el paso del tiempo, este cuento se volvió un referente del género por su capacidad de construir una atmósfera, dejar preguntas abiertas y provocar emociones en tan poco espacio. A partir de entonces, numerosos escritores empezaron a experimentar con estructuras similares, buscando incluso superar esa brevedad.

¿Hay un cuento más corto que el El Dinosaurio?
En la actualidad, el relato de Monterroso ya no es necesariamente el más breve en número de palabras. Sin embargo, sigue siendo uno de los más influyentes en la historia de la literatura hispanoamericana, al abrir camino a toda una corriente de escritura mínima.
Más allá de la cantidad de palabras, lo que distingue a estos relatos es su capacidad de sugerencia, su ambigüedad y el impacto que logran en el lector. La brevedad, bien utilizada, se ha convertido en una herramienta poderosa para escritores de todo el mundo.

El auge de la narrativa mínima
A inicios del siglo XXI, el interés por los cuentos ultracortos creció notablemente. Surgieron textos que desafiaban la longitud de «El dinosaurio» y que, en ocasiones, contaban con menos palabras sin perder su esencia narrativa. Un ejemplo de ello es «El emigrante» de Luis Felipe Lomelí, publicado en el libro Ella sigue de viaje (2005). Con solo cuatro palabras, el cuento dice:
—¿Olvida usted algo?
—¡Ojalá!
Ese mismo año, Marcial Fernández propuso otras formas de narración mínima como el «Epitafio de Borges»: «Aquí yace el otro», así como piezas que se reducen a un signo ortográfico. En su obra Mini (2015), el cuento «Epitafio para un microrrelatista» está compuesto únicamente por un punto, acompañado de un título sugerente.
Aunque parezca inverosímil, existen relatos considerados cuentos que constan de una sola palabra. En Andy Watson, contador de historias, Marcial Fernández presenta «Alzhéimer» como una muestra de lo que puede lograrse con una combinación precisa entre título y contenido.
Otra propuesta similar es «Dios” del escritor Sergio Golwarz, incluida en Infundios ejemplares (1969). En este caso, tanto el título como el contenido son idénticos: una sola palabra que deja espacio para múltiples interpretaciones.

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