Acá te mostramos cómo era Sololá en los años cincuenta, una década en donde la vida era diferente, pero la belleza del Lago de Atitlán sorprendía a todos los turistas que lo visitaban.
En esta nota te dejamos algunas fotografías que ilustran la belleza de este departamento en aquella época. ¡Qué chilero!
Así era Sololá en los años cincuenta
En los años cincuenta, Sololá experimentó una serie de acontecimientos que marcaron su historia y reflejaron la vida cotidiana de su gente. En 1953 nació la tradición del convite de la Inmaculada Concepción de María, una celebración que se convirtió en un evento anual, llevando la devoción por las calles de Panajachel cada 8 de diciembre y congregando a la comunidad en el atrio de la Iglesia Católica.
La década también vio el auge de la actividad económica y social en Sololá. Los mercados se erigían como centros de intercambio vital, donde los productos de toda índole circulaban entre los sololatecos, fomentando la dinámica comercial y comunitaria.

En el ámbito cinematográfico, 1953 fue testigo de la filmación de «El Tesoro del Cóndor Dorado» en Sololá. Esta producción trajo consigo la atención de los medios y llevó la belleza de la región a la pantalla grande, capturando escenas en lugares emblemáticos como Santiago Atitlán, San Antonio Palopó y la catarata en el camino a Sololá.

La vida cotidiana de Sololá
El tejido social y cultural de Sololá se manifestaba también en la labor diaria de sus habitantes. En 1950, las mujeres eran una presencia común en los paisajes de Sololá, tejiendo güipiles, llenando cántaros en fuentes y desempeñando diversas tareas domésticas a orillas del lago. La actividad pesquera se unía a las labores cotidianas, mientras las lanchas comenzaban a ser una parte integrante del panorama lacustre.
Otro aspecto destacado de la década fue el reconocimiento de la belleza local. En 1959, María Concepción Ramírez Mendoza se convirtió en el rostro de la moneda de 25 centavos. Esta joven, residente de Santiago Atitlán, fue elegida entre otras candidatas por su gracia y hermosura, dejando su marca en la historia numismática de Guatemala.

El desarrollo urbano también marcó la evolución de Sololá en los años cincuenta. En 1882, se anexó el municipio de San Jorge como aldea, ampliando el territorio de Sololá, que más tarde, en 1951, recibiría el estatus de ciudad, consolidando su posición como centro administrativo y cultural de la región.
La década de los cincuenta representó un período de transformación y consolidación para Sololá, donde la tradición se mezclaba con la modernidad, y la comunidad se forjaba en la diversidad de sus actividades diarias y eventos significativos.

Origen del nombre de Sololá
El nombre Sololá tiene su origen en el idioma Kaqchikel, derivado de «Sotz'ilaj», que significa "donde se esconde el murciélago". Esta denominación refleja la conexión con la naturaleza y la mitología indígena, atribuyendo al lugar una característica distintiva basada en la presencia de estos mamíferos nocturnos. La etimología del nombre revela la riqueza cultural y la relación íntima que los antiguos habitantes tenían con el entorno natural, otorgando a Sololá un significado arraigado en la tradición y la cosmovisión indígena.

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