En esta nota recordamos a Ricardo Arjona y su época como maestro. Antes de consolidarse como uno de los cantautores más conocidos de América Latina, Arjona dejó una marca profunda en quienes fueron sus estudiantes. ¡Justo en la nostalgia!
Ricardo Arjona y su época como maestro
A los 18 años, recién graduado de diversificado y sin contar aún con un título universitario, Arjona comenzó a trabajar como maestro en la Escuela Nacional Mixta Urbana No. 454, ubicada en Santa Elena III, un sector de la Zona 18 de la Ciudad de Guatemala.
Era la década de los años ochenta, y Arjona, con más pasión que experiencia formal, impartía clases a grupos de segundo a sexto primaria. La vocación por enseñar le venía de familia, ya que su padre, Ricardo Arjona Moscoso, también fue maestro.
Esta etapa de su vida la compartió en su DVD «Solo», lanzado en 2004, donde recordó que su ingreso al magisterio fue motivado por la necesidad económica, pero acompañado de un deseo auténtico por educar.
Un maestro diferente
Arjona no se limitaba a seguir el currículo escolar. Según sus propias palabras y testimonios de exalumnos, su método de enseñanza era poco convencional. Hacía preguntas sobre el significado de palabras del Himno Nacional como «aras» o «verdugo», provocando la reflexión y el aprendizaje más allá de la simple memorización. Era un educador creativo, que usaba dinámicas, juegos y música para conectar con sus estudiantes.
Además de enseñar materias básicas, también promovía actividades artísticas y deportivas. Daba clases de baloncesto y organizaba representaciones teatrales. Paralelamente, estudiaba Ciencias de la Comunicación en la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), lo cual exigía un gran esfuerzo de su parte para combinar el trabajo y los estudios.
Recuerdos de una alumna
Una de sus exalumnas, Nancy Guadalupe Mancilla Huertas, recuerda con cariño y nostalgia aquellos años. Según contó en una publicación en redes, Arjona fue su maestro desde tercer hasta sexto grado, entre 1984 y 1987. Ella lo describe como un profesor carismático que motivaba a sus alumnos y lograba que las clases fueran dinámicas y alegres.

Nancy cuenta que vivían en la misma calle, la 13 avenida de la Colonia Atlántida, y que su casa tenía un jardín bien cuidado con un rótulo que decía «Familia Arjona Morales». Arjona solía llamarla por su segundo nombre, Guadalupe, algo que a ella no le gustaba, pero que él decía con humor.
Durante una celebración del Día de la Madre, él les enseñó a interpretar la canción «No renunciaré», que cantaron en grupo con él tocando la guitarra. A partir de ese momento, ella encontró inspiración para dedicarse a la música, tomando clases de canto y piano, y años más tarde convirtiéndola en su vocación profesional.
Una etapa formativa
La docencia fue mucho más que un trabajo temporal para Ricardo Arjona. Le permitió desarrollar habilidades que luego aplicaría en su carrera artística: conectar con el público, comunicar emociones y contar historias.

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