Las fiestas de «Tacón y Hueso» eran muy populares en Guatemala a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.
Un aspecto singular de estos eventos era la imagen de algunas personas llegando descalzas, lo que les valió el apodo de «Bailes de Tacón y Hueso», aunque otra teoría afirma que se les llamaba así por los zapatos altos que calzaban las damas y el material del que estaban hechas sus peinetas.
Las fiestas de «Tacón y Hueso» que eran populares en Guatemala
Entre 1880 y 1944, en la Ciudad de Guatemala, resplandecieron los Bailes de Tacón y Hueso, una ventana a la rica cultura y diversidad social de la época. Estas festividades, al igual que las fiestas de zarabandas o parrandas de tranca, se convirtieron en un reflejo vibrante de la música y el baile guatemalteco de su tiempo.

Una de las características más distintivas de este tipo de celebraciones era su duración, extendiéndose durante varios días. Las fiestas de «Tacón y Hueso» que más destacaron en la capital, eran las que se realizaban en barrios del Centro Histórico, especialmente, en los barrios de La Parroquia y La Candelaria, específicamente, durante el año 1915.
Un elemento peculiar de estos bailes era la sencillez de sus requerimientos. Tanto sobre suelos de ladrillo sin pulir como sobre terrenos humedecidos para evitar el polvo, los participantes danzaban sin pretensiones. Esta accesibilidad permitía a personas de distintos estratos sociales entrelazar sus identidades en torno a la música y el baile.
Las festividades eran acompañadas de anisado de carneto y otros licores dulces, añadiendo un toque de alegría a la atmósfera. Las guitarras y guitarrillas llenaban el ambiente con acordes melódicos, mientras que el piano, reservado para los hogares acomodados, añadía su nota distintiva a las tonadas que se transmitían de generación en generación.

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