Esta es la historia de la Iglesia de Nuestra Señora de Belén en Antigua Guatemala, cuyos inicios se remontan al siglo XVII. Construido en 1666, este templo católico se sitúa sobre la Calle del Santo Hermano Pedro, en los límites del casco urbano de la ciudad colonial.
La edificación surge como parte de un proyecto del Hermano Pedro José de Betancourt, cuya misión principal era la atención de los enfermos y convalecientes. ¡Aprende más en la nota!
Historia de la Iglesia de Nuestra Señora de Belén en Antigua Guatemala
El Santo Hermano Pedro, originario de Tenerife, España, llegó a Guatemala en 1651. Años después, tuvo el deseo de construir un hospital para convalecientes y el 9 de julio de 1666 solicitó al Ayuntamiento de Antigua un terreno conocido como Prado de las Lecheras o Llano del Matadero. El 20 de agosto de ese mismo año, el gobierno local aprobó su petición, lo que permitió al Hermano Pedro iniciar la construcción de la Iglesia y el Convento de Nuestra Señora de Belén.
A lo largo de su vida, el Hermano Pedro fue admirado por su humildad y generosidad, lo que le valió el apoyo de muchos habitantes de la ciudad. Uno de ellos fue Rodrigo de Arias Maldonado, quien renunció a un título de nobleza para unirse a la causa de Pedro. Con el tiempo, Maldonado se convirtió en Fray Rodrigo de la Cruz y fue nombrado prelado de la congregación betlemita en 1668, poco después de la inauguración del templo de Nuestra Señora de Belén.

La iglesia y el convento no solo fueron centros de atención a los enfermos, sino también sitios de profundo significado religioso. La fachada del templo, de estilo sobrio, destaca por sus hornacinas que albergan imágenes religiosas, incluyendo representaciones de la Sagrada Familia y la Natividad, temas recurrentes en la devoción del Hermano Pedro. En la parte central de la fachada se encuentra una imagen del Niño Dios, que forma parte del ornamento que enriquece la estructura arquitectónica.
Los usos que ha tenido el templo
Durante su larga historia, el templo ha tenido diversos usos. Entre 1852 y 1873, estuvo ocupado por un grupo de monjes capuchinos. Posteriormente, en 1934, la iglesia y el convento fueron utilizados como aserradero y, con el tiempo, una parte de sus instalaciones se convirtió en posada. A pesar de estos cambios, la estructura original se mantiene, siendo un ejemplo de la arquitectura religiosa colonial en Guatemala.
¿Cómo es el lugar?
En el interior del convento se encuentra un claustro, donde resalta una fuente octogonal que, según el historiador Luis Luján Muñoz, refleja la elegancia de las fuentes típicas de Antigua Guatemala. Esta fuente es un símbolo de la sobriedad que caracteriza tanto al convento como a la iglesia, en consonancia con la vida sencilla del religioso.
El templo también tiene una conexión directa con la vida del Hermano Pedro, quien falleció en 1667 y fue enterrado en el Templo de San Francisco, también en Antigua Guatemala. Su legado ha perdurado a lo largo de los siglos, y el conjunto de Nuestra Señora de Belén sigue siendo un lugar de devoción y reflexión.

Frente a la iglesia se encuentra un pequeño parque con una estatua en honor al Hermano Pedro, un espacio ideal para la contemplación y el descanso. Actualmente, el Instituto de Hermanas Bethlemitas se encarga de su administración y mantiene en pie tanto la iglesia como el convento. A lo largo de los años, se han realizado diversas obras de restauración para preservar este importante patrimonio arquitectónico y religioso de Guatemala.
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